domingo, 29 de marzo de 2015

Heródoto

La descripción que hace Herodoto de los egipcios que llamó la atención cuando la leí, está en su libro II, EUTERPE,y es la comparación que él hace entre los egipcios y del “resto de los hombres” Smile

“ En los otros países los sacerdotes de los dioses se dejan crecer el cabello; en Egipto se rapan. Entre los demás pueblos es costumbre, en caso de duelo, cortarse el cabello los más allegados al difunto; los egipcios, cuando hay una muerte se dejan crecer el cabello en la cabeza y barba, mientras hasta entonces se rapaban. Los demás hombres viven separados de los animales, los egipcios viven junto con ellos. Los demás se alimentan de trigo y cebada; pero para un egipcio alimentarse de estos granos es la mayo afrenta; ellos se alimentan de olyra, que algunos llaman también espelta. Amasan la pasta con los pies, el lodo con las manos y recogen el estiércol. Los demás hombres (excepto los que lo han aprendido de los egipcios) dejan su miembro viril tal como nació, pero ellos se circuncidan. Los hombres usan cada uno dos vestidos y las mujeres uno solo. Los demás fijan por fuera los anillos y cuerdas de las velas, los egipcios por dentro. Los griegos trazan las letras y calculan con piedrecillas llevando la mano de izquierda a derecha; los egipcios de derecha a izquierda, y por hacer así dicen que ellos lo hacen al derecho y los griegos al revés. Usan dos géneros de letras, las unas llamadas sagradas, las otras populares.
 
 Por ser supersticiosos en exceso, mucho más que todos los hombres, usan de las siguientes ceremonias, Beben en vasos de bronce y cada día los limpian, no éste si y aquél no, sino todos. Llevan ropa de lino, siempre recién lavada, poniendo en esto particular esmero. Se circuncidan por razones de aseo, prefiriendo ser aseados más bien que bien parecidos. Los sacerdotes se rapan todo el cuerpo día por medio, para que ni piojo ni otra sabandija alguna se encuentre entre ellos al tiempo de sus servicios divinos. Llevan los sacerdotes solamente vestidos de lino y calzado de papiro. Se lavan con agua fría, dos veces al día y dos veces a la noche, y cumplen otras prácticas religiosas en número infinito, por así decirlo. Disfrutan en cambio de no pocas ventajas, pues no gastan ni consumen nada de su propia hacienda; se les cuecen panes sagrados y a cada cual le toca por día gran cantidad de carne de vaca y e ganso; también se les da vino de uva; pero no les está permitido comer pescado. Los egipcios no siembran en absoluto habas en sus campos, y las que hubieran crecido, ni las masan ni las comen cocidas, y los sacerdotes ni toleran verlas, teniéndolas por legumbres impuras. N hay un solo sacerdote para cada uno de los dioses, sino muchos, uno de los cuales es sumo sacerdote; cuando alguno muere, su hijo le reemplaza"
 
 Acerca del Nilo baste lo dicho. Paso a hablar del Egipto con detenimiento, pues comparado con cualquier otro país, es el que más maravillas tiene y el que más obras presenta superiores a todo encarecimiento. A causa de esto hablaré más del Egipto. Los egipcios, con su clima particular y con su río, que ofrece naturaleza distinta de la de los demás ríos, han establecido en casi todas las cosas, leyes y costumbres contrarias a las de los demás hombres. Allí son las mujeres las que compran y trafican, y los hombres se quedan en casa, y tejen. Tejen los demás empujando la trama hacia arriba, y los egipcios hacia abajo. Los hombres llevan la carga sobre la cabeza, y las mujeres sobre los hombros. Las mujeres orinan de pie, y los hombres sentados. Hacen sus necesidades en casa, y comen fuera, por las calles, dando por razón que lo indecoroso, aunque necesario, debe hacerse a escondidas, y lo no indecoroso, a las claras. Ninguna mujer se consagra allí por sacerdotisa a dios o diosa alguna: los hombres son allí sacerdotes de todos los dioses y de todas las diosas. Los varones no tienen ninguna obligación de alimentar a sus padres contra su voluntad; pero las hijas tienen entera obligación de alimentarlos, aun contra su voluntad.
 
 
 
Sigamos con lo que dice Heródoto en su libro segundo, EUTERPE, aquí, nos habla de los toros:
“Piensan los egipcios que los toros pertenecen a Épafo, y por este motivo los examinan así: si le encuentran aunque sea un solo pelo negro, ya no le tienen por puro. Hace la búsqueda uno de los sacerdotes encargados de ello, estando la res ya en pie, ya boca arriba; le hace sacar la lengua por si está pura de las señales prescritas, de las cuales hablaré en otro relato; y mira también si los pelos de la cola han crecido naturalmente. Si está puro de todas esas señales, lo marca enroscándole en las astas un papiro, y pegándole luego cierta tierra a manera de lacre, en la que imprime su sello; y así lo llevan. Quien sacrifica una víctima no marcada tiene pena de muerte”.
 
 
 
 
 
Esto es lo que Heródoto relata sobre los animales domésticos de los egipcios.
(en su EUTERPE, segundo libro de LOS NUEVE LIBROS DE HISTORIA):

"Grande es la abundancia de animales domésticos y sería mucho mayor si los gatos no sufrieran este percance: las hembras después de parir no se allegan ya a los machos, y éstos, por más que tratan de juntarse con ellas, no lo logran; acuden, pues, a esta astucia: quitan, por fuerza o por maña, a las hembras sus cachorros y los matan, pero no los comen. Las hembras, despojadas de sus cachorros y deseosas de otros, se allegan de este modo a los machos, porque este animal es amante de su cría. Cuando hay un incendio, pasa con los gatos un hecho extraordinario. Porque los egipcios se colocan de trecho en trecho guardando a los gatos, sin ocuparse de extinguir el fuego; pero los gatos cruzan por entre los hombres a saltos por encima de ellos y se lanzan al fuego. Cuando tal sucede, gran pesar se apodera de los egipcios. En las casas en que un gato muere de muerte natural, todos los moradores se rapan las cejas solamente; pero al morir un perro, se rapan la cabeza y todo el cuerpo"
 
 
Aquí, en EUTERPE, segundo libro de “Los nueve libros de Historia” ,Heródoto nos cuenta la forma que tienen los egipcios de sacrificar reses; “De este modo, pues, se examina la res; el sacrificio está entre ellos así establecido. Conducen la res ya marcada al altar donde sacrifican; prenden fuego; y luego al pie del altar derraman vino sobre la víctima y la degüellan invocando al dios; después de degollarla, le cortan la cabeza. Desuellan el cuerpo de la res y cargando de maldiciones la cabeza, se la llevan; donde hay mercado y mercaderes griegos establecidos, la llevan al mercado y la venden; allí donde no hay griegos, la arrojan al río. Maldicen a la cabeza diciéndole que si algún mal amenaza a los que hacen el sacrificio o a todo Egipto, se vuelva sobre esa cabeza. En cuanto a las cabezas de las reses sacrificadas y a la libación del vino, todos los egipcios observan las mismas normas para todos los sacrificios, y por esta norma ningún egipcio probará la cabeza de ningún otro animal.”
 
Heródoto, en el mismo libro que mencioné en varios posts anteriores, Euterpe, nos sigue relatando como se extraen las entrañas para los sacrificios: “La extracción de las entrañas de las victimas y el modo de quemarlas son distintos para cada sacrificio. Voy a hablar del de la divinidad que tienen por más grande y a la cual consagran la más grande festividad. Después de desollar el buey y de rezar, le sacan toda la tripa, dejando en el cuerpo las asaduras y la grasa, cortan las patas, la punta del lomo, las espaldillas y el pescuezo. Tras esto, rellenan el resto del cuerpo del buey de pan de harina pura, de miel, uvas pasas, higos, incienso, mirra y otros aromas; así relleno, lo queman derramando sobre él aceite en gran abundancia. Antes de sacrificar ayunan y mientras se está quemando la victima, todos se golpean el pecho. Después de golpearse sirven en convite lo que quedó de las víctimas.”
 
Las costumbres de los egipcios relatadas por Heródoto son muy interesantes, en este apartado habla de los cerdos y de su sacrificio. Este apartado está en el libro Euterpe.
Los egipcios miran al puerco como animal impuro; por eso, si al pasar alguien roza un puerco, va a bañarse al río con sus vestidos, y por eso los porquerizos, aunque sean naturales del país, son los únicos entre todos en no entrar en ningún templo, y nadie quiere darles en matrimonio sus hijas ni tomar las de ellos, viéndose obligados a casarse entre sí. Los egipcios no juzgan lícito sacrificar cerdos a los demás dioses sino solamente a la Luna y a Dioniso, y en un tiempo mismo, en un mismo plenilunio, sacrifican cerdos y comen la carne. Acerca de por qué abominan de los cerdos en las demás festividades pero los sacrifican en ésta, hay un relato que cuentan los egipcios, pero aunque lo sé no considero muy conveniente referirlo. El sacrificio de los cerdos a la Luna se hace así: después de sacrificar la víctima, juntan la punta de la cola, el bazo y el redaño, cubren todo con la gordura que rodea los intestinos y luego lo arrojan al fuego. La carne restante se come el día del plenilunio en el que se haya hecho el sacrificio, en otro día ya no la probarían. Los pobres, a causa de su indigencia, modelan puercos de pasta, los cuecen y los sacrifican.
 
 
Curiosas celebraciones, por lo visto los egipcios mataban un cerdo en honor de Dioniso...y lo de los títeres que las mujeres llevaban por las aldeas. Leamos lo que dice Heródoto, en su Euterpe:
"La tarde de la fiesta de Dioniso, cada cual mata en honor de Dioniso un cerdo en la puerta de su casa y lo entrega al mismo porquerizo a quien lo compró para que se lo lleve. Celebran los egipcios lo restante de la fiesta casi lo mismo que los griegos, aunque sin coros. En vez de los falos han inventado otra cosa: unos títeres de un codo de alto, que las mujeres llevan por las aldeas, y que mueven un miembro no mucho menor que lo restante del cuerpo. Un flautista va delante y siguen las mujeres cantando a Dioniso. Acerca de la desproporción del miembro, y de por qué es la única parte del cuerpo que mueven, se cuenta cierto relato sagrado"
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada